(Por: Carlos Bedoya)
Conectar con nuestros hijos adolescentes puede ser un verdadero desafío. El ritmo de vida, el poco tiempo que tenemos para compartir en familia y el uso constante de la tecnología pueden hacer que las conversaciones y los espacios de conexión sean cada vez más difíciles de encontrar.
Pero quizá existe un desafío aún más profundo: aprender a relacionarnos con nuestros hijos sin sentir que cada conversación debe convertirse en una oportunidad para corregirlos.
La conexión se construye con el tiempo
La conexión no se construye en una conversación especial ni en un momento determinado. Se construye poco a poco, a través de nuestra presencia diaria.
Nuestros hijos necesitan experimentar en nosotros autoridad y firmeza, pero también confianza y cercanía. Necesitan saber que podemos guiarlos, establecer límites y corregir cuando sea necesario, pero también que podemos escucharlos, comprenderlos y disfrutar de su compañía.
La autoridad no está reñida con la cercanía.
No necesitamos ser padres perfectos
Una de las mejores formas de enseñar a nuestros hijos es permitirles ver que nosotros también seguimos aprendiendo.
Cuando un adolescente enfrenta una dificultad, podemos acercarnos desde la empatía y decir:
“Entiendo que esto es difícil. Yo también he tenido que aprender cosas que no sabía. Si yo pude aprenderlo, tú también puedes.”
Compartir nuestras propias dificultades no nos hace perder autoridad. Por el contrario, les muestra que equivocarse es parte del aprendizaje, que podemos levantarnos después de un error y que siempre podemos seguir creciendo.
Recordemos la etapa en la que están
Nuestros adolescentes todavía están formando su carácter. Están aprendiendo a manejar sus emociones, asumir responsabilidades, tomar decisiones y comprender las consecuencias de sus acciones.
A veces esperamos que respondan como adultos cuando todavía están en proceso de desarrollar muchas de las habilidades y hábitos que esperamos de ellos.
Por eso, cuando no cumplen una expectativa, puede ser útil preguntarnos:
¿Realmente han aprendido el hábito que ahora estamos esperando de ellos?
Esta pregunta no significa eliminar los límites ni bajar nuestras expectativas. Significa recordar que formar el carácter es un proceso y que nuestra responsabilidad es acompañarlos mientras aprenden.
Escuchar antes de corregir
Quizá una de las herramientas más importantes que podemos desarrollar como padres es aprender a escuchar.
Muchas veces nuestros hijos comienzan a contarnos algo y, casi sin darnos cuenta, convertimos la conversación en una corrección o en un sermón.
Pero antes de corregir, necesitamos comprender.
Cuando un adolescente sabe que puede acercarse a sus padres y ser escuchado sin sentirse juzgado inmediatamente, se abre una puerta muy importante: la confianza.
Y cuando existe confianza, podemos acompañarlos, orientarlos y ayudarlos a desarrollar el carácter que necesitarán para enfrentar las decisiones y responsabilidades de su futuro.
La meta no es criar hijos perfectos
Nuestro objetivo no debería ser formar hijos que nunca se equivoquen. Nuestra meta es construir una relación en la que nuestros hijos sepan que pueden acudir a nosotros cuando tengan dificultades.
Una relación donde exista autoridad, pero también cercanía.
Donde haya límites, pero también gracia.
Donde podamos corregir, pero también escuchar.
Donde nuestros hijos sepan que no tienen que caminar solos mientras aprenden.
Porque conectar con nuestros adolescentes significa, en esencia, estar presentes, escuchar, guiar y caminar junto a ellos mientras aprenden a convertirse en las personas que Dios los ha llamado a ser.